Hoy no solo es importante vivir de forma consciente, sino también adelgazar conscientemente. Descubre en este artículo cómo hacerlo con recomendaciones expertas para ponerte en forma de manera rápida y sin dañar tu salud física ni mental.
En la temporada de vacaciones, muchas personas desean lucir su mejor versión. Sin embargo, bajar de peso rápido con dietas estrictas o entrenamientos excesivos puede ser peligroso y terminar en el temido efecto rebote. Por eso, es fundamental tomarse el proceso en serio y considerar no solo la nutrición y el ejercicio, sino también el trabajo con la mente.
Hablamos con la psicóloga Galina Reintal, quien explicó cómo perder peso sin poner en riesgo la salud.
Olvida los objetivos estrictos como “perder 3 kilos exactos” o “bajar 5 cm de cintura”. Estos pueden conducir a la frustración si no se cumplen, deteriorar tu salud mental y desmotivar tus esfuerzos.
Mejor objetivo: estar saludable y verte bien en el espejo, sin presiones numéricas.
Para bajar de peso es esencial reducir la ingesta de comida, pero sin caer en restricciones extremas. La clave está en diferenciar el hambre real del simple apetito.
Aparece gradualmente, unas 4-5 horas después de comer.
Se siente en el estómago.
Se satisface con cualquier tipo de alimento.
Surge al ver oler comida, leer o hablar de ella.
No necesariamente tienes el estómago vacío.
Provocado más por emociones o estímulos externos.
¿Comerías ahora un simple plato de avena? Si la respuesta es sí, probablemente es hambre real.
¿Cuánto tiempo pasó desde tu última comida? Si fueron menos de 3 horas, probablemente es apetito.
¿Qué originó el deseo de comer? Si es emoción o aburrimiento, es apetito.
A muchas personas les basta un pequeño placer para dar por concluida la comida: un postre, un café o un té. No te prives de esto. Es mejor dejar espacio para ese pequeño gusto que terminar picando todo el día.
Recomendación: reduce la porción del plato principal y reserva un hueco para tu “punto de sabor”.
Las señales de saciedad llegan al cerebro entre 15 y 20 minutos después de empezar a comer.
Comer rápido hace que ingieras entre 30 % y 40 % más alimento antes de sentirte lleno.
A mitad de tu comida, pregúntate:
¿Sigo con hambre o estoy comiendo solo por costumbre?
Evita la trampa de “comer hasta terminar el plato”. Con el tiempo, eso eleva tu umbral de saciedad y terminas necesitando más cantidad.
Elige una actividad física que disfrutes y practícala regularmente. Además, procura caminar más.
La actividad física no solo quema calorías, también mejora el estado de ánimo. Cuando somos felices, comemos menos porque no tenemos la necesidad de “calmar” el estrés con comida.
Dato comprobado: caminar 5.000 pasos diarios reduce un 20 % el cortisol, la hormona del estrés.
Seguir estos consejos te permitirá comer menos sin sufrimiento, reduciendo el riesgo de descontrolarte después.
Recuerda:
Cualquier avance es un avance.
Para lograr resultados visibles, las acciones deben ser constantes.
Y para ser constantes, deben evitar generar emociones negativas o sufrimiento.
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